Alpha Centauri: proyecto de experimentación en arte y curaduría

Merlina Rañi, una de las curadoras que lleva adelante esta galería, nos habló sobre su trabajo, el arte y las próximas muestras que presentarán este año.

En pleno barrio del Abasto, donde se despliega una amplia vida cultural, se ubica Alpha Centauri (Agüero 793, Buenos Aires), galería de arte que abrió sus puertas a fines del 2014 y que hoy es llevada adelante por los curadores Merlina Rañi, Enzo Campos Córdoba, Matías Billordo y Nicolás Frank.

Alpha Centauri es el sistema estelar más cercano al nuestro, está a 4 años luz, y tiene la particularidad de tener dos soles en vez de uno. Tomamos este nombre como signo de los cruces entre la ciencia y el arte en los que nos interesa indagar, que nos terminan acercando mucho a la ciencia ficción, entre otras cosas. Por otro lado, la idea de pensar en distancias astronómicas, modifica las relaciones escalares, y si nos enfocamos en el arte puntualmente, cambia la escala de su importancia en un sentido antropológico y de su temporalidad, haciendo desaparecer el concepto de nuevo y viejo. Éstas son cuestiones fundacionales del proyecto”, le comenta Merlina a Frontal.

Desarrollada dentro del Espacio Cultural Mi Casa –en el cual se llevan a cabo todo tipo de actividades culturales, como talleres, recitales, entre tantas otras–, allí se presentan exhibiciones generalmente individuales, de artistas con distintas trayectorias que investigan los bordes de las disciplinas y se instalan en sus cruces. Alpha

“Formalmente una galería de arte consiste en un espacio de exhibición enfocado en la venta, pero ese concepto se fue modificando y deformando por las circunstancias del contexto social y económico en el que nos desarrollamos ahora. Cuando hablamos de una galería independiente, en general se torna más una especie de proyecto editorial. En el caso de Alpha, la línea se centra en el trabajo curatorial, ya que los que la formamos somos todos curadores, y también en una selección de artistas que si bien son disímiles y variados, comparten el sentido de la búsqueda empírica”, explica y continúa: “Para mí el arte es un campo de acción y manifiesto del desarrollo humano y social, una forma de extender el conocimiento al aspecto sensible y viceversa, esto influye bastante en el trabajo de la galería, entablamos un trabajo más profundo con el tipo de artista que es curioso de su contexto y explorador de su herramienta”, sostiene la curadora.

Alpha Centauri
Alpha Centauri

Luego de finalizar el secundario, Merlina estudió pintura, sin embargo, al poco tiempo descubrió la curaduría y, desde ese momento, se dedica exclusivamente a eso. Así, no solo se desempeña como curadora en Alpha Centauri, sino también en otros espacios. Recientemente realizó una curaduría en dos módulos en Espacio Pla (espacio dedicado al Arte Digital), donde ahora se está presentando Ejercicios de interpretación II: Ficción Informática de Azul de Monte y Mateo Amaral y participó como curadora adjunta de PlusCode en el marco de Let it Vj.

Este interesante proyecto llevado adelante por estos jóvenes curadores, atrae a gente de todas las edades: “El público varía bastante según el artista, pero en general es un público joven más allá de la edad, gente que es curiosa y le interesa encontrar manifestaciones fuera del circuito tradicional, algunos que siguen el trabajo de la galería, otros que la conocen por Espacio Cultural Mi Casa, donde está ubicada. Muchas veces las actividades del lugar, así como de Tercer Brazo Estudio (vecinos del primer piso) se retroalimentan y eso hace que el lugar tenga su propia vida”.

La próxima muestra será Miles de millones de Diego Alberti, que va a desarrollarse en simultáneo en Alpha Centauri y Espacio Pla, en dos facetas distintas. Luego, en septiembre tendrán una muestra de Cristian Espinoza; en octubre, Motus Lúmina; y más tarde, presentarán muestras pop-up de entre uno y tres días, de Nulú Bonsai, Grupo Islas y Guido Corallo, para finalmente terminar el año con una exhibición colectiva en noviembre y diciembre.

Miles de Millones
Miles de Millones

“Me siento más un productor que un curador”

Entrevistamos a Enzo Campos Córdoba, poeta, curador y editor, quien en octubre publicará su cuarto poemario, Paisajes de la ausencia, y está terminando su primera obra teatral, El milagro.

Enzo Campos Córdoba (Foto: Paula Hourticolou)
Foto: Paula Hourticolou

Enzo Campos Córdoba es poeta, director y curador en la galería Alpha Centauri (ver nota “Alpha Centauri: proyecto de experimentación en arte y curaduría”) y editor en Ludwig Ediciones.

Enzo Campos Córdoba (Foto: Lucila Portabales)
Foto: Lucila Portabales.

Con la curaduría comenzó hace cinco años, cuando creó una productora de arte junto a los artistas plásticos Lino Divas y Federico Claudio, que se llamaba Richter. Con ella estuvieron haciendo muestras pop-up en espacios independientes por casi dos años. “La primera muestra que hice solo fue hace dos años, que fue la de Nicolás Sobrero en la galería Siberia, de La Plata. Después de eso, curé tres muestras en Alpha Centauri, y luego de trabajar en noviembre del año pasado en la segunda muestra que fue la de Franco Vico –la primera fue la de Jorge Pomar–, Merlina Rañi (directora de Alpha Centauri) me propuso ser parte del equipo estable de directores y curadores de la galería. Ya este año participé de la muestra de Victoria Baraga (ver “Victoria Baraga: el arte como un juego”) como director y curador, y La Fuerza Suave, muestra de fotografía”.

En su charla con Frontal, Enzo explica que se acercó al arte porque tiene una profundidad que le interesa, y que conoció el mundo de la curaduría gracias a una expareja que era pintora y dibujante: “Es una manera muy gratificante de desarrollarse. Creo que está bueno explorar todos los lenguajes. Yo que vengo de las letras, creo que aporta a lo propio poder ver fotógrafos, pintores, ver gente que hace instalaciones, que hace cine… cualquier lenguaje aporta, creo que cada lenguaje en sí es una manera humana de manifestarse entonces me interesa por eso. En el mundo del arte, creo que el rol que encontré fue el de facilitar como curador la cuestión de las muestras, que es la parte en la cual me siento más cómodo y en la que siento que puedo aportar más”, y agrega: “Creo que hay una cuestión que tiene que ver con los tiempos que corren, por lo menos en mi caso, que es que el curador a veces es más un productor. Me siento más un productor de la muestra que un curador, por el hecho de que siento que el curador es más un productor integral de la muestra, que tiene que estar tanto en la producción de la idea, de la logística, de lo que tiene que ver con el montaje, el desarrollo de la muestra que con el proceso de creación que es netamente del artista”.

Foto: Paula Hourticolou
Foto: Paula Hourticolou

Además de su trabajo como curador, Enzo realiza ciclos de poesía desde hace seis años. Al primero de ellos, que llamó Asunción, lo llevó adelante por tres años junto con los integrantes de su productora Richter. “Este ciclo tenía como punto de partida abrir el espacio a nuevos poetas, para que pudieran desarrollar su manera de expresarse, leer y empezar a darse un nombre en el circuito. Pero lo más importante fue que conocí a muchos poetas interesantes”. Actualmente, realiza el Club del Quiebre desde hace dos años con Tuti Curani y Deni Rodríguez Ballejo, los jueves cada dos meses en el Espacio Cultural Mi Casa. “La premisa de este ciclo es más o menos la misma que el anterior, solo que está apuntalada por lo que es el espacio y por el aporte fundamental de Tuti y Deni. Tuti tiene un gran poder de convocatoria y un conocimiento de lo que es la actualidad del movimiento poético y artístico muy interesante; Deni aporta poetas con un contenido mucho más clásico en cuanto a la estructura poética, y yo soy más de profundizar en el hecho de que sean nuevos poetas. Con esa mezcla sale el ciclo que tiene bastante convocatoria y disfrutamos mucho hacerlo”, sostiene.

“El arte es una manera de manifestar del ser humano y como toda manera de manifestar del ser humano tiene una profundidad que me interesa. Creo que es una manera de canalizar, de desarrollar las emociones a partir de la cosmovisión personal de cada uno…”

Por otra parte, este poeta es coeditor en Ludwig Ediciones junto con María Ludwig, en donde además, se encarga de todo el proceso del libro, puesto que están hechos a mano por ellos. “A María la conocí en el Espacio Isla Flotante y habíamos pegado muy buena onda con respecto a nuestros pensamientos acerca la edición y acerca de lo que era el movimiento, entonces me contacté con ella para que me diera algunos tips para poder publicar mi primer libro y ella me propuso hacerlo vía su proyecto. Laburamos muy bien y tuvimos muy buena química, entonces nos asociamos”. De esa manera, a través de esta editorial publicó sus tres primeros libros: Barroco desnudo (2013), Apología de la fricción (2014) y La salida es atravesándote (2015), que conforman la Trilogía del despojo. Ahora está por publicar su cuarto libro, Paisajes de la ausencia, y el año que viene su primera obra dramática, El Milagro. “También estoy trabajando en un poemario que tiene que ver con la obra de teatro, la cual es un recorrido a través de las vivencias y experiencias de un poeta que empieza a socavar información sobre su pasado para escribirlo. En realidad, ese poeta soy yo y ese pasado es mi propio pasado, las anécdotas de mi familia, las vivencias de mis abuelos, padres, etc. La obra es eso: la búsqueda de la propia identidad, un homenaje a la construcción de ésta”.

A su vez, Enzo lleva a cabo un colectivo poético con cuatro amigos ‒Deni Rodríguez Ballejo, Frey Chinelli, Alan Ojeda y Fradi , al que nombraron Rainer María, y un microprograma de radio, llamado El Cartel, en el programa La República, cada 15 días de 20 a 21 en eqradio.net. “En el colectivo poético desarrollamos una especie de entidad a través de la amistad, abriendo el juego a nuevas cuestiones, como incorporar música a la poesía, sin evitar nunca el escándalo. Por otro lado, en el micro invito a poetas, músicos, fotógrafos, todo artista nuevo para que venga a hablar de su proyecto. Además, es un programa musicalizado con nuevas propuestas, que apunta a un público inquieto, ávido de nuevos formas y fondos, podría decirse. También ahí hacemos una previa del Club del Quiebre. Llevo poetas del Club para que lean y al DJ para que pase música ahí… es una manera de hacer una previa copada y también así articular cada proyecto con el otro”, explica.

Acerca de cómo ve el movimiento artístico de hoy en día, este artista sostiene que hay muchos poetas y que, a pesar de que hay una especie de déficit en cuanto a los contenidos, se celebra el hecho de hacer, de gestar. “Creo que está bueno desarrollar la propia voz, la propia identidad, en el sentido poético y no escribir tanto para los demás, sino para uno y publicar para uno. Pero, obviamente, como en toda actividad humana, un poco intentamos la trascendencia. A veces nos sale, a veces no nos sale… Trascender no es permanecer en el tiempo sino permanecer en otras personas. Creo que una persona realmente muere cuando las demás personas se olvidan, no cuando muere físicamente. Entonces si uno deja una huella, una identificación en otros y algunas personas se acuerdan, es que esa persona realmente trascendió. Creo que esas cosas son las que realmente importan, no tanto pensar el aquí y el ahora como algo superficial sino como algo más profundo, como algo más de aprovechar este momento para generar algo que perdure en algún sentido, que genere algo”.

 

 

Victoria Baraga: el arte como un juego

La artista habló con Frontal durante su exhibición, Bestiario Íntimo, en la Galería Alpha Centauri, donde el 4 de junio pintó en vivo. El cierre de su muestra fue el jueves 16, con la banda Nuez tocando en vivo.

Victoria Baraga es una joven artista formada en el campo de la fotografía -en el 2010 egresó de la Escuela Argentina de Fotografía-, y hace poco comenzó a incursionar en la pintura, probando diferentes técnicas propias. “Antes de esto estudié Veterinaria y Biología por un tiempo. Después empecé a estudiar foto. Hice la carrera, estudié tres años. Después me empecé a cansar… Hice muchas fotos”.

Victoria Baraga, en Alpha Centauri.
Victoria Baraga, en Alpha Centauri.

Siguiendo con su idea de que el arte es un juego, cuando comenzó a aburrirse de la fotografía, quiso probar algo diferente. De esta manera, empezó a experimentar con los negativos de sus fotos utilizando diferentes productos. “Empecé a intervenir los negativos con lavandina. Así, me empezó a gustar cómo podía destruir la imagen. Empecé a agarrar mi archivo, sacaba los negativos y les tiraba lavandina. La lavandina lo que hace es ir capa por capa del negativo de la película y va dejando las capas de abajo, la magenta, etc., y así podés ir cambiando los colores. Si te pasás, podes destruir toda la imagen. Había algo de eso que me gustaba, porque siempre fui muy pulcra, técnicamente muy obsesiva”, cuenta Victoria, y continúa: “Después empecé a filmar en Súper 8 y a destruir la imagen. Me gustaba ver cuando la imagen aparecía y yo la rompía, la quemaba. Ver cómo iba cambiando, para mí la foto era como algo muy fijo y así podía ver que había movimiento”.

De a poco, y de manera autodidacta, Victoria se adentró en esta otra rama del arte que es la pintura, experimentando, jugando y expresándose. “Una vez estaba interviniendo unos negativos y se me ocurrió usar óleo. Entonces, comencé a usar el dorso de los papeles de las fotos como platito. De repente, se me cayó otro papel encima y cuando lo levanté vi las texturas que se habían formado naturalmente y me gustó. A partir de eso, empecé a investigar y vi que si movía el dedo de determinada manera, pasaba una cosa y si usaba tal instrumento, pasaba otra. Al principio, no sabía por qué pasaba eso y después me di cuenta que era porque el óleo no era absorbido”.

Victoria utiliza para la elaboración de sus obras cualquier cosa que pueda deslizarse, como por ejemplo tapitas de botellas o cartón, los cuales, sobre el vinilo o vidrio como soporte, que tienen la particularidad de no absorber el óleo, crean este arte tan especial y único. “Después empezaron a aparecer los objetos. Me encontraba algo en la calle y pensaba: ‘A ver qué hace esto’. Un día mi novio se encontró un plotter, así que ahí aumenté el tamaño de las cosas, antes eran de 10×15”, relata.

Esta artista multifacética, el 4 de junio, en la Galería Alpha Centauri (Agüero 797), realizó una intervención en la que combinó pintura y música en vivo junto a Seitan, formada por Cristian Martínez y Juan Barabani, integrantes ambos de Nuez, banda en la que ella es cantante. De esta forma, pudimos apreciar el proceso de creación de estas asombrosas obras y de qué manera su producción se fusionaba con la música que sonaba, la cual provenía de una garrafa y una especie de guitarra hecha a partir de una puerta, ambos instrumentos elaborados por Martínez y Barabani.

Ante la pregunta de si ella seguía a los músicos o viceversa, responde: “Me parece que se daba las dos cosas. Todos estábamos improvisando. A veces pasa eso cuando estás improvisando: entrás en una, que no sé cuál es, y de repente todo encaja. Es re lindo eso. Pero no, no estaba siguiéndolos adrede”.

A pesar de que Victoria dice no considerarse una artista, el gran trabajo desarrollado en esta primera exposición individual –a la que llamó Bestiario Íntimo y que tuvo la curaduría de Enzo Campos Córdoba–, demuestra lo contrario. “Nunca hubo algo pensado. Empezó como un placer por la textura. Es bastante inconsciente, aparece de un placer por esa textura que iba apareciendo, por el volumen y los juegos de luces y sombras. Me parece que hay algo en el ritmo, más que la imagen, el movimiento. A la par, por ejemplo, me gustan los insectos. Creo que todo está emparentado en lo que hago”.

Acerca de su arte, nos dice: “Es muy intuitivo, no lo pienso. Yo hago música y video de insectos también y me pasa parecido. Me llevo de la misma manera con los lenguajes”. Y continúa: “Para mí es como un juego, como si me dieran libertad para jugar. Es eso para mí, lo más parecido a cuando jugaba cuando era chica. Es algo intuitivo… después es una práctica diaria: pinto casi todos los días. O sea, empezó de una forma y ahora estos bichos que salen son muy diferentes a los que hacía cuando empecé. Fue mutando, van mutando. Creo que en un tiempo no van a ser más así”.

Extranjeros en su propia tierra: una inmersión en el inglés

Se trata de visitas guiadas para estudiantes de escuelas bilingües de Argentina que se llevan a cabo completamente en inglés. Se recorre Colón, Puerto Madryn y este año también Bariloche.

 Foreigner In Your Own Land (Extranjeros en su propia tierra) es un programa educativo creado por la profesora de inglés Luisa Amore y puesta en acción por una empresa de turismo de nuestro país. En la docencia, Luisa comenzó a los 16 años con clases particulares, luego trabajó en secundarios y en el profesorado ‒dictando Language a nivel terciario‒, y hace ocho años da Literatura Inglesa en un colegio bilingüe.

Parque Nacional El Palmar
Parque Nacional El Palmar

Llevado adelante desde hace 5 años, el programa ofrece a estudiantes de escuelas bilingües la posibilidad de insertarse en una pequeña comunidad lingüística de inglés dentro de su propio país, al mismo tiempo que aprenden sobre la historia, la flora y la fauna de la Argentina. “Al inglés lo podés aprender en un marco académico, la clase, o haciendo una inmersión. En un lugar que no es un país anglófono, como es la Argentina, tenés que recrear una comunidad de habla inglesa o ir a un lugar donde se hable ese idioma”, comenta Luisa. Y esto es lo que esta docente armó: viajes educativos completamente en inglés, en los cuales visitan diferentes lugares de nuestra tierra mientras practican su inglés jugando y aprendiendo un poco más de nuestras costumbres e historia. “Por ejemplo, realizamos ecoaventura: en una de las excursiones vamos a una isla inundable que está prácticamente desierta, a excepción del turismo. Como elegimos la década de 1850 para trabajar con los chicos, tomamos el tema del boom cerealero y hacemos pan en la playa y lo relacionamos con un pan australiano de esa misma década y lo hacemos de esa manera”.

Esta burbuja lingüística itinerante, como lo llama Amore, recorre la ciudad de Colón –las termas, el Palacio San José, el molino Forclaz, las termas, el Parque Nacional del Palmar, etc.–, Puerto Madryn –la comunidad galesa y avistamiento de ballenas–, y este año también agregan viajes a Bariloche. “Se trata de un programa lingüístico que tiene en cuenta lo nuestro, es un concepto diferente de aprendizaje en el que barrés las paredes del aula: salís, es necesario salir, y trata de ser lo más genuino posible. Intenta que los chicos se sientan lo más naturalmente posible, en un contexto natural”.

En este programa trabaja todo un grupo de colaboradores entre los que se encuentran un guía bilingüe, la coordinadora Carla Bianconi, y hablantes nativos de lengua inglesa de todas partes del mundo, quienes viven acá temporalmente y son entrenados para hablar con los alumnos. “Por esa razón, una de las dificultades que tiene el programa es el recambio de parte del personal (usualmente cada 6 meses). Después le tomás la mano y los entrenás más rápido a los nuevos para empezar la temporada”.

La idea de este viaje educativo –que se desarrolla en tres días y dos noches, a excepción del de Bariloche que será de tres noches– no es recrear una comunidad extranjera, sino puramente argentina, puesto que hasta la comida que les ofrecen a los chicos es típica de nuestro país. “A mí siempre me interesó que nuestros alumnos sepan de nuestro país. Yo veía que en las escuelas bilingües se hablaba mucho de la historia universal, la Revolución Rusa, el comunismo, la Primera y Segunda Guerra Mundial, etc., pero no saben nada de la Historia argentina y sus próceres”.

“El programa te pone en la situación ideal de aprendizaje, no solo porque se habla las 24 horas en inglés, sino también porque salen a la calle y todo lo que ven y tocan es nombrado en inglés y ellos se divierten, por lo que se relajan y aprenden mejor”, le explica a Frontal Luisa Amore. Esto se debe a que los estudiantes no van solos a ningún lado y solo se contactan con los guías y asistentes que hablan en inglés. En cada lugar tienen juegos para realizar con los ayudantes extranjeros y cuando van a comer, también se sientan en las mesas con ellos para que la conversación se desarrolle en inglés y no se tienten con utilizar el castellano. Así, el proyecto es muy activo y demandante, por lo que los alumnos se hallan constantemente realizando juegos y tareas, incluso tienen actividades nocturnas con los asistentes.

Extranjeros en su propia tierra trabaja con un contingente de alumnos, no con chicos individualmente, es decir, las escuelas contratan a esta empresa y viene el grupo ya armado, que generalmente se compone por cuatro cursos. “La temporada fuerte empieza en septiembre, octubre y noviembre, porque es cuando los colegios lo piden (evitan el invierno). Los colegios que contratan este programa son los bilingües, entonces quieren que lo hagan antes de los exámenes de fin de año. La empresa, en ese sentido, lee las necesidades de las escuelas”.

Actividad con uno de los asistentes extranjeros.
Actividad con uno de los asistentes extranjeros.

La profesora Amore, además, arma cada año un background information, con un mapa del lugar, la programación, juegos, actividades, etc. A partir de eso, algunas escuelas deciden usarlo antes y otras realizar un trabajo tras el viaje de estudio. “Cada año nos vamos actualizando, enriqueciendo y adecuando a los requerimientos, expectativas y las edades de los estudiantes”.

A su vez, la empresa de turismo ofrece un servicio completo: traslado, alojamiento, todas las comidas, asistencia médica y seguros, desde que los estudiantes salen hasta que regresan. Por este motivo, la profesora Amore concibió la idea de tal manera que desde que parten en el micro todas las actividades se desarrollan en inglés, desde los juegos que llevan a cabo hasta las canciones que cantan, como Between Rivers (Entre Ríos).

“La fotografía es eso: contar historias, saber contarlas”

El fotógrafo Diego Cabales recibió a Frontal en su estudio de uno de los más encantadores barrios de Buenos Aires: Villa Devoto. Allí, entre mate y mate, nos contó cómo se inició en la fotografía y qué significa para él esta rama del arte que tanto lo apasiona.

Habiendo cursado Diseño Gráfico en la UBA, y estudiado Publicidad, en la Escuela Superior de Publicidad, además de realizar especializaciones en el campo de la fotografía, Diego Cabales no comenzó con esta profesión por un sueño sino que la eligió entre otras opciones y, a medida que se adentraba más y más en ese mundo, descubrió que era algo que sabía hacer y que lo apasionaba. “Con la fotografía empecé a los 19 años. Podría haber seguido gastronomía también… en ese momento vos tenés que elegir un camino, te encontrás ahí y decís: ‘Bueno, agarro este’ y después no lo soltás por alguna razón y en algún momento te das cuenta que es lo que sabés hacer y que te gusta hacerlo. No fue algo pensado, algo que soñé, sino que se fue dando y hoy me encanta hacerlo, me apasiona”, relata.

Estudio de Fotografía de Diego Cabales: (011) 4502.8775 / 4501.8061 (Foto: Diego Cabales)
Estudio de Fotografía de Diego Cabales: (011) 4502.8775 / 4501.8061. (Foto: Diego Cabales)

Hoy es dueño de la revista VDVip, en donde se pueden encontrar contenidos propios, fotografías de su autoría y de sus alumnos, muchísima información sobre el barrio, artículos de historia, arquitectura, interés general, curiosidades, etc. “Empecé con la revista a fines del 2010 por una idea que siempre tuve de darle un espacio a alguien que no estaba representado en las revistas barriales y me parecía que había mucho acá en Devoto para eso. La idea es hacer un catálogo de los mejores emprendimientos. Hay un público que tiene que llegar a otro lugar”, le dice a Frontal, y continúa: “En el primer número, le agregué fotos del barrio: del Devoto antiguo y fui también a sacar fotos en el Devoto moderno a los mismos lugares, desde los mismos ángulos. En algunos casos, se pudo y en otros no porque en ese lugar está construido otra cosa”. Cabales explica que para llevar a cabo esto se subió, no sin vértigo, a las terrazas de edificios de 16 pisos, a los campanarios de las iglesias Inmaculada Concepción y San Antonio, así como también a los clubes de barrios que funcionan en la zona y que no son tan conocidos. “La idea era mostrar algo distinto, dónde están las campanas, cómo se ve Devoto desde arriba… La idea siempre fue generar contenidos distintos. Cuesta mucho porque a veces la gente espera que le pongas el teléfono de los bomberos o noticias levantadas de internet. Eso es más fácil, cuesta mucho generar los contenidos. Eso es lo que más me gusta. Eso es lo que te hace sentir orgullo por lo que uno hace”, señala.

Distribuida en los mejores establecimientos de los barrios de Villa del Parque y Devoto, la revista está fabricada con la mejor calidad de impresión: cuatro colores, tapas laminadas brillante, ilustración mate para el papel interior y con una encuadernación de lomo cuadrado, que la convierte en un ejemplar excelente para coleccionar. “A la gente le gustó mucho… Y de esa manera, me animé a hacer la segunda y después la tercera y así… Ahora vamos por la 27”.

Por otra parte, 4 años atrás Cabales comenzó a dictar cursos de fotografía y, año a año, más y más interesados asisten a sus clases (en la actualidad, cuenta con más de 30 alumnos). Los cursos están abiertos para todo el público, con o sin conocimientos previos, y los interesados pueden elegir entre muchas opciones: “Talleres libres”, “Experiencia book”, “Foto teatro”, “Experiencia gastronomía”, “Foto estenopeica”, “Experiencia velocidad”, “Foto de retrato” y los niveles uno y dos. En ellos, se aprende teoría y práctica dentro del estudio y fuera de él. “Cuando yo aprendí, estábamos en un departamentito de un tipo. El tipo hablaba y a veces hacía algún dibujo en el pizarrón. Increíble. Después tenía que ir a mi casa y hacer fotos de lo que él decía cómo era, y recién a la semana te dabas cuenta si funcionaba o no, y ya no te acordabas de lo que habías hecho. Hoy por hoy, con respecto a lo que yo aprendía, es muy distinto, es diferente la forma de enseñar porque la tecnología cambió todo”. Por eso es que en sus clases se da prioridad a la práctica de la fotografía, puesto que Cabales considera que esa es la forma en la que mejor se aprende.

A su vez, este fotógrafo devotense es aficionado de otra rama del arte: la literatura. Sobre esto, sostiene: “Me gusta escribir y me gusta que me cuenten historias. La fotografía es eso: contar historias, saber contarlas. Salvo que al escritor uno le da más posibilidad, más tiempo. Cuando alguien agarra una fotografía, hace así y así (mueve páginas rápido), va pasando, y nos da un segundo para contarle algo. Poder duplicar ese tiempo a dos segundos a veces requiere muchísimo tiempo de trabajo. Que alguien se detenga en una foto a pensar algo porque despertaste algo es movilizante para cualquier fotógrafo. Y eso a veces tiene que ver con las otras artes que vos cultivás”. Así, es autor de Billetera no mata Galeano, Instinto adormecido, Marchan miércoles, entre tantos otros relatos, muchos de los cuales se pueden apreciar en cada número de VDVip.

Con respecto a qué es la fotografía para él, explica: “La actividad de sacar fotos tiene que ver con algo que te despierta pasión, placer, tu tiempo, querer hacer fotos increíbles, con tu mirada, llevarlas a imprimir, verlas expuestas o publicarlas en Facebook, lo que sea. Es una actividad placentera que te tiene que recrear, mover cosas adentro”. En cambio, dice que sacar fotos con el celular es una cuestión totalmente diferente, se trata de documentar momentos vividos. “Cuando estoy de vacaciones, saco muchas fotos con el celular. Llevo la cámara a un viaje si tengo tiempo para estar solo, tranquilo, y me voy a buscar distintas luces, iluminaciones, cosas raras, algo que estoy seguro que nadie vio”.

Además, Diego Cabales ofrece los servicios de fotografía de producto, books para actores, modelos, quinceañeras, bodas, etc.; edición, retoques digitales y posproducción de fotografías; sociales y eventos; diseño y producción; además de llevar adelante, junto a Sol Fridman, MORPHAR, fotografía de gastronomía, donde la chef realiza la comida especialmente para la cámara.