Así lo ven Nayla Pose, directora de El Brío Teatro y La bestia invisible; y Nahuel Saa, actor, productor y encargado de la prensa de esta obra, quienes le abrieron a Frontal las puertas de su mundo.

Nayla Pose

Emplazado dentro de una casa antigua reciclada con mucha onda –un piano, sillas de época y percheros con ropa para utilizar como vestuario, entre otros muebles que le otorgan un aire acogedor-, El Brío Teatro no solo presenta obras teatrales sino que también es un espacio de investigación, estudio y ensayo. Allí, entre mates y pepas, Frontal pudo conocer cómo Nayla y Nahuel comenzaron en el ambiente teatral y aprender más sobre La bestia invisible, obra que se zambulle en los intersticios de la memoria con la finalidad de intentar descubrir quiénes somos.

¿Cómo nació la actuación en cada uno?
Nayla: Yo quería ser actriz desde muy chiquita. A los 6 años se lo dije a mi mamá y ella me contestó: “De ninguna manera, las actrices son todas prostitutas”. Entonces, al terminar el secundario, pasé por varios lugares: estudié música, piano -que para mis padres era un arte mucho más culto que el teatro-, un cuatrimestre de medicina, inglés e italiano, pero al año y medio decidí estudiar actuación en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático (hoy UNA). De ahí no paré más. En el teatro encontré un espacio entre lo sagrado, lo evolutivo, lo profano, la diversión pero a la vez también el aprendizaje, para mí y para compartir con otros.
En la docencia mi formación es más autodidáctica. Desde muy joven tengo inquietud por la docencia, por algo de compartir los saberes… en el secundario armábamos grupos de estudio y yo enseñaba inglés y física. Hay algo de conquista en el conocimiento y en la dinámica grupal siempre se potencia.
Y en el teatro, cuando empecé a trabajar como actriz, también empecé a ejercitar la docencia. Hace 16 años que me dedico ininterrumpidamente a la docencia. Amo ese ejercicio profundamente.

Nahuel: Una de mis hermanas era bastante artista de chica, en su pieza había una cama marinera y colgábamos una sábana desde la cama de arriba y jugábamos a hacer presentaciones, siempre nos disfrazábamos. Una vez hicimos una foto novela. Si había una fiesta de disfraces, me armaba unos súper vestuarios artesanales muy copados. Creo que algo de eso germinó algo en mí vinculado al arte y a la creación. Después, en la escuela primaria, tenía un compañero que estudiaba teatro y trabajaba haciendo publicidad, y un día le dije a mi hermana más grande que quería estudiar teatro, ella no lo dudó y empezó a buscar dónde podía empezar. Un día me dijo: “Querés inscribirte en el Centro Cultural San Martín”, enseguida dije que sí y empecé clases los sábados. Mientras todos mis compañeros salían a la plaza, al cine o demás actividades recreativas, yo iba a teatro. En esa época era muy tímido y encontré algo muy liberador en la actuación, el poder dejar de ser yo por unas horas a ser otras personas con las que podía expresarme de otra manera, jugar a no ser yo. Desde ahí seguí siempre.

¿Qué es el arte para ustedes?
Nayla: Para mí el arte es el camino. Es la posibilidad que yo tengo y que existe de unir mi lado más salvaje y mi lado más sublime. Es un camino de total investigación, desarrollo y evolución. Para mí el camino del arte es un camino de maestría, es un camino de búsqueda, de evolución, de horizontes nuevos todo el tiempo. Y es esta unión entre lo apolíneo y lo dionisíaco, esta colocación la que busco conquistar en cada función, en cada clase o cuando estoy dirigiendo, para mí es algo sagrado, que me excede pero que a la vez lo produzco yo. Es una unión de tu saber con tu parte más sensible, más escondida, más salvaje, más indómita. Es una gran responsabilidad ser un artista. Sin querer o a sabiendas se es un comunicador. Cuando estás en un escenario, poniéndole el cuerpo, estás comunicando algo. En el teatro hay una fuente nutritiva de conocimiento alucinante. Escuchar las noticias que vienen del interior, así decía Esquilo y me encanta. Si alguien tiene la pulsión de hacer teatro, que lo haga porque el teatro no te defrauda nunca.

Nahuel: Es un espacio de liberación, de catarsis, donde uno puede explorar sin ser juzgado

¿Cómo es llevar adelante un emprendimiento como lo es El Brío hoy en día?
Nayla: ¡Un delirio! (risas) Históricamente, el teatro independiente está muy por fuera de la lógica del dinero. Sin embargo, en un país que promueve la cultura es mucho más fácil que en uno que no. En este momento, está siendo muy cuesta arriba. Nosotros acá trabajamos mucho, todos los días, de lunes a lunes. De lunes a jueves hay clases; viernes, sábado y domingo hay funciones; y en los horarios de la tarde a veces se alquila la sala o a veces se presta para las coproducciones. Es una quijotada. De todas formas, creo profundamente en lo que hacemos y eso es un gran motor para seguir adelante.

¿Cuesta más que antes?
Nayla: Sí, está costando todo mucho más. El teatro para algunas personas es entretenimiento, para otros es una formación básica cultural y para otros mucho más. Para mí es un alimento. Hoy en día es mucho más difícil llegar a las personas que no están inmersas naturalmente dentro del ambiente.

Con respecto a La bestia invisible, ¿cómo surgió la idea?
Nayla: La idea surge un poco por las ganas de trabajar juntos, y a mí el tema de la memoria siempre me interesó, me parece muy disparador a nivel poético. Entonces venía pensando y leyendo algunas cosas en función de cómo lo que somos y lo que recordamos nos construye. Algo vinculado a esa premisa de “la memoria como constructora de la identidad” estaba de base para investigar. Fue el primer aglutinante que tuvimos. En función de eso, les pasé a los interpretes varios materiales filosóficos, poéticos, estéticos, científicos y algunas cosas de teatro para leer, además les escribí un manifiesto que para mí iba a ser el marco del trabajo, y les pedí que en función de ese encuadre de trabajo también buscaran qué tipo de textualidad los podría representar a ellos. Había también como premisa la creación colaborativa, que ellos también se involucraran a nivel creativo. La idea era crear pequeños segmentos de teatralidad que tuvieran cierta lógica autosustentable y que esa lógica después pudiera tener conectividad con el otro segmento y así a toda la obra. Entonces, que apareciera una identidad de obra a partir de la identidad de propuesta de cada uno promoviendo desarrollar una identidad grupal.

¿Qué mensaje quieren dar con esta obra?
Nayla: No me gusta decirle a nadie lo que tiene que pensar, tampoco me interesa bajar línea. Me identifico más con la provocación de una inquietud, en dejar latiendo una pregunta, una sensación. Creo que el teatro es empatía, de alguna manera el actor genera empatía en el espectador. Para mí, La bestia invisible se hace una pregunta por la existencia, por la identidad. Entonces, tratar de que esa empatía sea una especie de mano que toque al espectador, que todo aquello que vibra en un personaje pueda atravesar al espectador de alguna manera. Yo me identifico con sembrar preguntas en el espectador más que respuestas. Estas a veces llegan, a veces no, pero si hay una pregunta, hay una inquietud.
En nuestra sociedad cada vez más cruel, mercenaria, neoliberal, donde se oprime y se pisa la cabeza del otro, poder hacer un ejercicio empático ya me parece una ganancia. Si encima de esa empatía, vos sentís algo, te preguntás algo, te inquieta algo, ya ahí hay un valor.

Nahuel: Para mí la obra invita a pensar sobre uno mismo, a hacerse preguntas, a ver que de alguna manera lo que nos pasa a nosotros también le está pasando a otros.

¿Dónde se encuentran los personajes?
Nayla: No sé si hay un lugar realmente donde están. Los personajes están en El Brío y vinieron a decir algo que tenían que decir para sacárselo de encima. Es más bien algo abstracto eso, es como un espacio en donde ellos no pueden salir de ahí hasta que no enfrenten lo que se comprometieron a enfrentar. Es un lugar más metafórico. Por eso, ellos todo el tiempo están también construyendo las escenas y armando lo que desarman. Hay algo de develar la teatralidad, develar la ficción y mostrar lo que no se suele ver en el teatro.

Nahuel: Para mí, como actor, es el lugar donde cualquiera puede ir a hacerse preguntas. Lo trabajo como algo más onírico, Podría ser cualquier sitio del que no podemos salir hasta que al menos podamos entender que nos llevó a ese lugar.

Nayla: Es un sitio del que no se pueden escapar y en un momento descubren que hay alguien que los está mirando. Una cosa interna que trabajamos es como si hubieran sido convocados o por primera vez se animaran a decir “quiero enfrentar o revisar esta situación, entonces voy a este lugar”. Para mí ese lugar siempre es el teatro que es el lugar donde yo situo mi evolución. Estaría condensado en algo de eso.

Para finalizar, ¿cómo ven el teatro en Argentina?
Nayla: Creo que el teatro independiente argentino es el acervo cultural del teatro del país. Cosas que suceden en el teatro independiente después son absorbidas en estratos oficiales. También me parece que hay mucha gente joven pensando cosas copadas, mucha disrupción, mucha pregunta. A mí Buenos Aires me parece re viva a nivel teatral.

Nahuel: Se pone muy difícil a veces en el teatro independiente sostener un proyecto en el tiempo que es para mí lo que permite que la obra siga creciendo en términos de construcción del material, cuesta que el público llegue y se interese por las propuestas que no están siendo comunicadas por los grandes medios. Muchas veces en una sala estás dos meses y si te fue bien seguís, sino te vas. Y creo que así se terminan perdiendo muchos proyectos que están muy buenos pero que no tienen apoyo. En El Brío tenemos la suerte de no depender del resultado del borderaux para poder seguir trabajando.

Nayla: Sí, estoy de acuerdo con Nahuel. Personalmente, me interesa desarrollar los proyectos en el tiempo, por lo que viví en otra época de mi vida cuando yo solo actuaba. Hay algo de la maduración y del dominio del material que se da a largo plazo, por eso hay que darle un tiempo para la consolidación del material. Es muy difícil en los tiempos que corren dar cause a ese tipo de propuestas con el flujo económico de las salas. En otra época, salas y elencos estaban más consolidados. Por eso quise crear El Brío, a mí me interesa acompañar proyectos, el desarrollo de un lenguaje artístico y teatral. No solo desarrollarlo yo, sino también acompañar a otros artistas a que lo desarrollen. Aquí en el Brío hay una línea de coproducción para artistas independientes. Me interesa fomentar el desarrollo de lenguajes escénicos que puedan tener un riesgo, sino el teatro termina siendo todo igual porque no hay nadie que se anime a apostar a algo diferente.

El interrogante sobre la propia existencia es ineludible para el ser humano. A partir de allí y con la premisa “la memoria como constructora de la identidad” como disparador, Nayla y Nahuel –junto con otros egresados de El Brío (ver Ficha técnica)– crearon La bestia invisible. Se trata de una obra que, con impactantes actuaciones, escenografía minimalista y un singular diseño de luces, sumerge al espectador en un ambiente onírico lleno de preguntas, miedos, recuerdos y en algunos casos tristeza, que deja mucho en qué pensar. ¿Te animás a entrar en ese mundo y hacerte la pregunta?

“Para mí el arte es el camino. Es la posibilidad que yo tengo y que existe de unir mi lado más salvaje y mi lado más sublime. Es un camino de total investigación, desarrollo y evolución. Para mí el camino del arte es un camino de maestría, es un camino de búsqueda, de evolución, de horizontes nuevos todo el tiempo”.
Nayla Pose

La bestia invisible se presenta en El Brío Teatro todos los sábados a las 22 hasta el 25/08/18.

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“(El arte) es un espacio de liberación, de catarsis, donde uno puede explorar sin ser juzgado”.
Nahuel Saa

Ficha técnica de La bestia invisible:
Dramaturgia: Nayla Pose
Texto: Emmanuelle Cardon, Florencia Halbide, Germán Leza, Paola Lusardi, Federico Manzioni, Loló Muñoz, Julián Ponce Campos, Nayla Pose, Nahuel Saa, Mariano Saba, Lucía Szlak, Marian Vieyra
Actúan: Emmanuelle Cardon, Florencia Halbide, Germán Leza, Paola Lusardi, Federico Manzioni, Loló Muñoz, Julián Ponce Campos, Nahuel Saa, Lucía Szlak, Marian Vieyra
Diseño gráfico: Lucía Szlak
Prensa: Nahuel Saa
Dirección: Nayla Pose

El Brío Teatro es un espacio de investigación y experimentación que ofrece clases anuales y regulares de formación actoral, así como seminarios de perfeccionamiento. En relación a la producción artística, circulan trabajos de producción propia (actualmente: La bestia invisible y HEDDA) así como co-producciones de artistas escénicos contemporáneos.

Av Álvarez Thomas 1582
(011) 4551 6213
elbrioteatro@gmail.com
@elbrioteatro

El teatro como empatía

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