“El actor tiene una responsabilidad, el arte tiene una responsabilidad, desde mi punto de vista, con respecto a la realidad, con la realidad y el contexto, en nuestro caso, Latinoamérica”.

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Marcelo Savignone es actor, músico, director, dramaturgo y docente teatral. Nacido en Rosario, actualmente vive en Buenos Aires y dirige el Teatro Belisario, donde también dicta sus clases de teatro.

Profesional incansable e inquieto, comenzó a actuar a los 18 años, luego de haber estudiado música. “Desde ese momento no paré de estudiar teatro y la música pasó a ser un segundo arte que siempre me acompaña”, comenta. Posee una amplia formación en nuestro país y el exterior, como su especialización en el 2004 en Melodrama, Grotesco y Pedagogía teatral en Londres, donde lo invitó Tomas Prakitt (exdirector de la escuela de Jacques Lecoq).

¿Fue una experiencia enriquecedora?               

Marcelo Savignone: Sí, a nivel teatral fue un antes y un después. El 2004, teatralmente, para mí es un antes y un después. También porque ese año nació mi primer hijo, entonces lo considero un año muy importante: el nacimiento de mi primer hijo, conocer a Tomas Prakitt y viajar a Londres. Un antiguo sueño mío era ir a formarme afuera en la línea de Lecoq, esas cosas fueron muy importantes para mí.

¿Qué es el teatro para vos?

M. S.: El teatro es un arte que se alimenta de la vida misma, entonces para mí el teatro tiene que ver con observar el cómo vivimos y no cómo hay que vivir. El teatro tiene que ver con ver vida, con ver la fragilidad, con cómo construir seres humanos, cómo construir vida, con comprender el comportamiento humano. Todas esas cuestiones tienen que ver para mí con el teatro. Para mí es una gran pasión, es un arte sumamente sabio al tener tanta antigüedad mirando cómo se comporta la gente.

¿Creés que el rol del actor es importante a nivel social?

M. S.: El teatro trabaja según su contexto, uno hoy dice alguna palabra que no es lo mismo que hace años atrás, hay palabras que resuenan. El teatro funciona en relación a un contexto, es parte de un contexto social. Hacer en el día de hoy Otelo, no es lo mismo que hacerlo hace un tiempo atrás, porque por suerte hoy se están hablando algunas cosas, que lamentablemente siguen ocurriendo como lo que pasó en Mar del Plata. Entonces, el actor tiene una responsabilidad, el arte tiene una responsabilidad, desde mi punto de vista, con respecto a la realidad, con la realidad y el contexto, en nuestro caso, Latinoamérica.

Vemos a lo largo de la historia que muchos artistas de todas las ramas del arte realizan a través de sus obras una crítica hacia la sociedad, ¿cuál es tu opinión en cuanto al teatro?

M. S.: A mí me gusta hablar de criticar la sociedad a través de mi propia crítica, de criticar. Cuando ahora estoy haciendo la versión de Las tres hermanas, estoy hablando de toda esa sociedad que festejó el Mundial –yo incluido– que no sabía lo que estaba pasando. Me parece que es importante que la crítica no se desprenda de eso y que si uno realmente quiere transformar, claramente empieza por uno la transformación. No hay duda en eso.

En relación con esto, ¿cuál es el mensaje que querés dar con Mis tres hermanas. Sombra y reflejo?

M. S.: Me gusta hablar sobre lo ciegos que estamos a veces ante el dolor del otro. Eso me inquieta como ser humano en el día de hoy. Poder verlo y hablarlo me da esperanza sobre esos temas. Me interesa hablar también de los vínculos de los hermanos, de la hermandad, más allá de la familia, de los amigos, y cómo a través de eso uno puede estar con un torturador al lado y no darse cuenta. Digo en el caso de Las tres hermanas de Chejov que se codeaban con Solióni y todos ellos, que se lavaban las manos con alcohol por el olor a muerto que tenían, según el texto. Esas cosas me inquietaron ¿Qué cosas podemos ver y qué cosas no?, ¿qué cosas no vemos por comodidad?, ¿qué cosas vemos después de un tiempo?, ¿qué cosas tienen que ser tan contundentes como un incendio, en el caso de Las tres hermanas, para que uno pueda ver todo lo que estaba oculto? Un gran ejemplo de esa obra es el Mundial del 78, cuando un gran sector social estaba preocupado más por cuánto le ganábamos a Perú mientras gente era torturada.

Además de su extensa trayectoria en teatro, Marcelo también participó en publicidades y producciones televisivas y cinematográficas. Sin embargo, resalta que su lugar en el mundo es el teatro y la docencia. Allí es donde siente que puede ser él mismo. “Como artista, hace rato que ya no hago publicidad porque hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo, y antes de ir y hacer un trabajo a medio camino, prefiero no hacerlo. Cuando hago un trabajo es porque estoy totalmente comprometido con lo que voy a hacer y estoy de acuerdo. Puedo estar equivocado, eso también es parte de mi vida”, explica, y agrega: “Lo que más me gusta es poder decir a través del teatro. En el teatro es donde me siento útil, donde me siento protagonista de lo que estoy diciendo, eso es lo que me importa para mi vida: tratar de ser lo más protagonista de mi propia vida”.

¿Cómo ves el cine y la televisión en nuestro país? ¿Creés que hubo una evolución?

M. S.: En la medida en que la televisión no entienda que tiene que ayudar a la construcción del ser humano, lo que hace es una profunda involución constante sobre sí misma. Es decir, no se puede poner todo sobre la mesa para hacer un chiste. La televisión muchas veces hace cualquier cosa para hacer reír, para hacer un chiste sin medir las consecuencias enormes… por ejemplo, cuando se mira un programa en el cual a la mujer se la trata como un objeto sexual y se sigue mirando. En este momento, ese tipo de programas es causa de la marcha del 19 de octubre y jamás se va a hacer cargo, entonces hay algo con la televisión que es un gran negocio, y lamentablemente el negocio tiene que ver con el dinero y el dinero corrompe. Por eso este año no hice televisión y el año pasado hice poco, porque tampoco los proyectos que me ofrecen me hacen sentir que colaboro en algo.

¿Cómo elegís los proyectos en los que participás?

M. S.: Lo último que hice fue Fábricas, para la TV Pública, que era sobre fábricas tomadas en Tandil. Hubo un momento en que no elegí, agarraba lo que me tocaba. Con el tiempo uno va mejorándose porque va pensando, entonces uno va eligiendo. También porque puedo porque tengo una escuela de teatro, entonces no ando tras la participación en televisión. Ya la parte de que me vea mi familia en televisión la pasé. Todo eso hace que me guste elegir si el tema que voy a tratar va a estar cuidado, si lo que voy a contar tiene sentido.

Con respecto a Ahora, Homenaje a la Commedia dell’Arte, ¿qué es lo que te interesa de mantener vivo hoy ese tipo de teatro del siglo XVI?

M. S.: La tradición, la idea del actor como instrumento, del actor que hace, que convoca, que dialoga con el espectador, del actor que opina… En estos tiempos, la figura del director y el productor han crecido muchísimo, sin embargo, el actor no ha crecido como figura del escenario, como centro de la escena. Se empezó a convertir en alguien que algún director afamado o algún productor lo va a llamar. Creo que el actor a lo largo del tiempo ha perdido mucho su rumbo como artista, se convirtió en alguien que le dicen qué decir, qué hacer. Yo estoy totalmente en contra de ese pensamiento, porque eso lo que hace es hacer un ser dependiente en vez de un ser autónomo. Entonces, con respecto a la comedia del arte, tiene que ver con volver a la autonomía del actor, a que se lo reconozca como alguien que puede decir, como alguien que juega, como alguien que es valiente, que se atreve a decir cosas, sin estar enmascarado debajo de una producción o dirección de moda. Y, por otro lado, un homenaje a quienes hicieron del teatro una profesión, son los comediantes del arte.

En esta obra promueven la participación del público, ¿cuál es tu postura cuando se mete en política, como sucedió en algunas funciones? 
M. S.: Claramente todo lo que no apunta a una construcción de una igualdad, todo lo que no apunta a la educación con mayor profundidad, en mi caso, produce una distancia enorme. Tengo mi opinión como artista, pero también hay una brecha muy grande que no me interesa seguir alimentando, que es dividir la sociedad, como la marcha del 19 de octubre: dividir la sociedad entre hombres y mujeres, no, la sociedad es toda la sociedad y el Ni una menos del 19 es hombres y mujeres. Lo mismo me pasa con respecto a la situación sociopolítica: somos todos, si la persona que está afuera no tiene ni un centavo, también es parte nuestro. De esta manera, en los casos que el público saca esos temas trato de tocarlos poéticamente, porque en definitiva el teatro necesita de la inclusión y no la exclusión: si alguien pertenece a un determinado partido político, todos tenemos el mismo derecho y el mismo lugar.
Lo que sucedió también en una ocasión fue que alguien agredió al final de la función, porque la gente confunde libertad de expresión con libertad de agresión. Mi partido político y mi religión es el teatro, siempre fue así y estoy del lado de los derechos humanos. Ese es mi lugar de trabajo. No pertenezco a ningún partido político y no tengo intención de pertenecer porque me gusta que mi teatro sea políticamente incorrecto.

¿Cómo te preparás para las funciones de Ahora?

M. S.: Cada obra es diferente… en el caso de la comedia del arte es más preparación porque me lleva, por un lado, tener un nivel de disposición física importante, física y vocal, y también como lo creo en el momento, necesito estar alimentado, entonces en la semana necesito documentarme, tengo que leer, etc. Cuando voy al montaje de Mis tres hermanas lo que hago es profundizar. La comedia del arte está creado en el momento, naturalmente está en presente, en una pieza armada hay que trabajar para ponerla en presente cada vez. Yo tengo un entrenamiento básico: me levanto a las siete de la mañana, entreno todos los días, hago un yoga muy activo, tengo mi momento de lectura… mi compromiso con el teatro es full time. Además, es un placer muy grande hacer algo de comedia del arte en este momento porque es antiesnobismo, anti-cool. Hacer algo antimoda teatral de Buenos Aires me encanta. Siento que estoy en el camino correcto cuando no sigo la moda.

¿Qué final le quisiste dar con Ahora… a la trilogía que forma con En sincro y Vivo?

M. S.: Con En sincro volví a mi primer amor que es la música, entonces improvisaba con Víctor (Malagrino), con Andy (Menutti) y con Pablo (Bronzini) musicalmente canciones, luego de eso con Vivo pasé a las máscaras balinesas. De ahí hice una combinación en Ahora de ambas cosas: las máscaras en la comedia del arte y la música, con la labor enorme que hace Víctor (ver “La cultura es educación, es crecimiento”) porque va componiendo, creando, en el momento. Dos elementos separados cierran en uno y la comedia del arte era un lindo territorio para cerrarlo.

Savignone continuó con varios proyectos: terminar la temporada de Mis tres hermanas. Sombra y reflejo en noviembre (domingos 17.30 en Teatro La Carpintería), comenzar una nueva de Ahora… en el verano del 2017, luego la posible creación de una nueva escuela y la alternativa de un trabajo diferente: “Tengo una propuesta del Complejo Teatral San Martín de la parte del ballet para que arme un proyecto para mediados del año que viene. Es muy llamativo que me llame el ballet y no el teatro, no lo entiendo, pero eso me encanta. Yo voy disfrutando con la vida”.

Con los pies bien puestos sobre la tierra, este talentoso artista se permite soñar con un mundo mejor. Así, con su arte, a través de sus clases y sus obras, aporta su granito de arena para lograrlo.

Durante este año, Savignone continuó junto a Víctor Malagrino presentando Ahora, Homenaje a la Commedia dell’Arte los sábados 22.30, en Belisario Club de Cultura (Av. corrientes 1624), y Mis tres hermanas. Sombra y reflejo, los domingos 17.30, en La Carpintería Teatro (Jean Jaures 858). Actualmente, se encuentra preparando nuevos proyectos.

“El teatro es un arte que se alimenta de la vida misma, entonces para mí el teatro tiene que ver con observar el cómo vivimos y no cómo hay que vivir. El teatro tiene que ver con ver vida, con ver la fragilidad, con cómo construir seres humanos, cómo construir vida, con comprender el comportamiento humano”.

Marcelo Savignone: el teatro como política y religión

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