Frontal habló con Susana Cortés, supervisora del Escalafón C de Educación Especial, quien contó cómo comenzó en esta importante profesión.

Psicóloga y docente con más de 30 años de experiencia, Susana le concedió a esta revista una entrevista para explicar de qué se trata esta rama tan importante del Sistema Educativo Público que muy poco se conoce, pero que día a día lucha por conseguir que todos sus alumnos logren sus objetivos. A su vez, expone su opinión sobre el nivel educativo de nuestro país. susana-cortes-2

¿Cómo fueron sus inicios en la docencia y cuál fue el motivo de la elección por la Educación Especial?

Susana Cortés: Mi elección por la educación especial estuvo marcada, así como los inicios en la docencia, por la clave sociopolítica de ese momento. Yo crecí en mi adolescencia durante la Dictadura Militar. Ciertas carreras, como por ejemplo la que seguí luego, que fue psicología, estaba intervenida, y las otras estaban acotadas, por lo que no era nada sencillo decidir qué estudiar.

La docencia la comencé en el 83, con el advenimiento de la democracia con el Gobierno de Alfonsín, que fue cuando se empezó a abrir todo el tema de lo educativo. Y tuve mis inicios en la Educación Especial en las Escuelas de Recuperación, que eran unas instituciones creadas durante la Dictadura para “recuperar” lo que no era considerado normal en la escolaridad primaria o media común. Me había interesado todo ese tema de atender la especificidad, la individualidad, el porqué de esta cuestión de recuperar y apartar a los niños, que se suponía, no podían hacer su recorrido escolar en las escuelas comunes e iban a parar a las escuelas de recuperación.

Esos fueron los inicios, fue muy complicado porque era todo muy nuevo. La Educación Especial existía en la parte de la modalidad de mentales, discapacidad visual y auditiva que pertenecía al Ministerio de Educación de la Nación.

En el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en ese momento la jurisdicción se llamaba Municipalidad de Buenos Aires, la Educación Especial estaba contemplada nada más en las escuelas de recuperación. Ahí fue donde comencé mi trayectoria.

¿Cómo llegué a tomar la decisión de supervisora? En realidad, fue a través de todo el recorrido y siempre movida por la cuestión sociopolítica, que es inherente al ser humano, más en los sistemas educativos, porque el sistema educativo en su conjunto está todo atravesado por las decisiones políticas del momento. Pero una de las cosas fundamentales en la decisión fue poder hacer algún tipo de movimiento a nivel más macro de la institución y que tenga esa intervención, desde el rol de supervisora algún tipo de ingerencia en las políticas públicas educativas.

“Siempre el espíritu del docente de Educación Especial es de ir para adelante, de apertura, de pensar en el otro, es un pensamiento muy social»

¿Cuál es su opinión acerca del nivel de la Educación Especial?

S. C.: La Educación Especial en la Argentina es para mí de excelencia, como toda la educación en este país. Creo que es uno de los países de Latinoamérica que mejor nivel educativo tiene en cuanto a profundización de formaciones teóricas, de posicionamientos acerca de lo que es un sujeto educativo, un sujeto que está aprendiendo, en las corrientes psicológicas, filosóficas, sociológicas, todo el entorno del fundamento teórico de la formación docente es excelente, sobre todo en la educación de gestión pública. Y la Educación Especial también tiene profesionales excelentes, que todo el tiempo se están capacitando, mejorando las estrategias de abordaje, atendiendo las necesidades de la comunidad educativa, las orientaciones, se entrelaza lo jurídico, lo psicológico, social. Es realmente muy completa y da muchos resultados, a pesar de las dificultades, problemáticas y obstáculos. Siempre el espíritu del docente de Educación Especial es de ir para adelante, de apertura, de pensar en el otro, es un pensamiento muy social.

¿Es posible la inclusión educativa para todos los niños especiales? ¿Existen casos en los que es posible y otros en los que no?

S. C.: Ese es un dilema en la Educación Especial. En la actualidad, la política educativa tiende a la inclusión absoluta de todos los niños. Si me preguntás particularmente a mí, no estoy de acuerdo con eso. Considero que la educación común tiene un formato, estrategias, propuestas, que a veces no están al alcance de los niños, adultos o adolescentes que tienen necesidades especiales, para lo cual, hay momentos que en la vida de un niño es necesario que haga su recorrido en una escuela especial. Porque lo que se trata de incluir a lo que no es incluible es que el niño esté en una escolaridad, por ejemplo la primaria común, con muchos soportes, maestra integradora, adaptaciones curriculares, etc., que hace que la educación de ese niño, en vez de ser una educación sea una ortopedia educativa. En ese sentido, hay que trabajar con los padres para que puedan comprender que la escuela especial no contagia, sino que es un lugar, una instancia, puede ser transitoria, de inserción, de verdadera inclusión del niño en el sistema para luego poder, si tiene las condiciones necesarias, ingresar en el nivel educativo que le compete o sino no.

¿Es posible que la educación común y la especial puedan mantener su independencia?

S. C.: Yo creo que sí, que tendría que ser así, donde la Educación Especial, al ser modalidad, debe prestar sus servicios de orientación, acompañamiento y sostenimiento de la Educación común Primaria, Secundaria e Inicial. Desde ese lugar de transversalidad, yo creo que sí, que cada una puede desplegarse en su ámbito con autonomía, pero a su vez trabajando articuladamente.

¿Cuál es la función de los supervisores? ¿Cómo se hace para coordinar tanta cantidad de escuelas?

S. C.: Yo en particular no tengo tanta cantidad de escuelas, pero son muy complejas y muy diversas. El Área de Educación Especial tiene tres escalafones: uno es el C, que es donde estoy yo, que se ocupa de la discapacidad mental, auditiva, visual y severos trastornos. El B, que son otro tipo de problemáticas, más de aprendizaje y conductuales, y el A, que es educación hospitalaria y domiciliaria.

La función de una supervisora en la actualidad ha variado mucho. Históricamente, hace 50 años se las llamaba inspectoras y el rol tenía el acento en controlar lo que no era adecuado, en términos generales. Controlar que todo marchase perfectamente. Parecía simple, pero era muy complejo. En la actualidad, cambió completamente, instaurándose en el lugar de mediador entre las políticas públicas, que son las que bajan de las políticas gubernamentales, y las instituciones escolares, eso en forma vertical. Y en forma transversal, es la conexión con las distintas direcciones diarias educativas, modalidades educativas, organismos no gubernamentales, o sea, que el rol del supervisor, aparte de la supervisión, orientación y acompañamiento de las escuelas de su territorialidad, tiene también la articulación con los sistemas gubernamentales, de donde emanan las políticas públicas, ministeriales y demás, y con otras jurisdicciones educativas, Provincia de Buenos Aires, a nivel nacional, con todas las direcciones diarias: Inicial, Primaria, Media y Terciaria.

¿Cuál es la diferencia entre la Educación Especial con respecto a las otras áreas?

S. C.: La diferencia fundamental de la Educación Especial con las otras áreas educativas es la transversalidad y la atención con sus herramientas, con sus estrategias y sus intervenciones de las personas que en cierto momento de sus vidas necesitan del sistema educativo una ayuda, un acompañamiento o un soporte diferente para abordar los niveles educativos por los que transita.

La Educación Especial es una modalidad que atraviesa todos los niveles educativos (Atención temprana, Educación Inicial, Media, en contexto de encierro, etc.), porque uno puede atender a un sujeto que esté en cualquiera de esos niveles, de acuerdo a las necesidades que el alumno tenga para certificar y cumplimentar sus trayectorias escolares.

¿La Educación Especial sufrió cambios a lo largo de su carrera? ¿A qué se debieron?

S. C.: En los 30 años que yo transité la Educación Especial los cambios fueron muy grandes. Tienen que ver con la ideología política que reinó en cada momento. Si se trata de un Gobierno socialista, va a tener una determinada mirada la Educación Especial, que se trata de atender la diversidad, la justicia para los que más necesitan; y si tenés un Gobierno neoliberal, va a tener otra. Los puntos negativos, yo los pongo del lado de las políticas educativas y de las ideologías que gobiernan las políticas nacionales, que son esta cosa tan reduccionista, arbitraria y de empobrecimiento espiritual que es pensar en el gasto financiero.

¿El objetivo político actual tiende a hacer desaparecer la Educación Especial?

S. C.: No sé si es tan así. Las diferentes políticas educativas a través de los diferentes gobiernos han intentado algunos achicamientos, algunas modalidades de abordaje diluyentes de la Educación Especial, en principio, porque la Educación Especial es totalmente costosa. Si observás la oferta educativa privada, casi no existen escuelas de Educación Especial en el ámbito privado, son muy pocas, porque son muy caras. La Educación Especial necesita uno o dos docentes por alumno, en términos estadísticos. Los alumnos necesitan muchas configuraciones de apoyo materiales, humanas, espaciales y temporales, y eso es caro. Entonces, los gobiernos a veces no evalúan las necesidades de los sujetos, evalúan el achicamiento de los gastos. Esas son cuestiones de las políticas educativas y nacionales, que sobrepasan lo escolar y lo educativo en sí, lamentablemente.

¿Después de 30 años de servicio se siente satisfecha?

S. C.: Me siento muy feliz, volvería a hacerlo. A uno, en los recorridos profesionales, le pasa de todo, la vida misma le pasa. La escuela fue testigo de mi vida. En ese recorrido siempre hubo alguien que te daba una palabra de aliento, en relación a lo laboral, y una mano tendida, en relación a lo personal. Eso no es poca cosa en el crecimiento personal porque después hay un feedback, que es lo que uno va capitalizando y devuelve socialmente en esta tarea, que fue lo que yo intento hacer, siempre trabajando en equipo y pensando que los problemas no son obstáculos a erradicar, sino que son cuestiones a capitalizar para encontrar estrategias de resolución.

¿Le quedaron cosas por hacer?

S. C.: Sí, me faltaron cosas por hacer, pero así es la vida misma. Siempre hay algo para hacer porque ese es el motor del ser humano y el deseo de la vida y las acciones. Esto es lo que transmito también a los colegas más jóvenes, a las directoras que superviso y a toda la comunidad docente que en este algo por hacer está lo que se basa realmente. La puesta en alto es lo que uno concibe como que siempre le falta algo.

El arduo trabajo de enseñar

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