De a poco, en un tiempo de nuevas «normalidades», vuelven a encenderse las luces de los teatros. La pandemia, y todo lo que generó (y genera) a su paso, golpeó y dejó heridas que aún no sanan, en los y las trabajadoras de la cultura independiente, como en muchos otros sectores. Haciendo frente al huracán y tras dos suspensiones, la compañía De carencia Virtú, estrenó en El extranjero (domingos, a las 18) una nueva versión de El montaplatos, de Harold Pinter, en la que Alejandro Vizzotti sigue al pie de la letra el texto original del dramaturgo inglés. Esta vez, Ben y Gus, los asesinos a sueldo que esperan órdenes en un sótano, son interpretrados por Claudia Mac Auliffe y Sonia Novello.

Un sótano remite a encierro. Encierro a pandemia. Y aunque la obra iba a ser estrenada (en una sala que se la llevó puesta la pandemia) antes de las medidas tomadas por la covid-19, las resignificaciones son inevitables. «El encierro hoy tiene una lectura más, esto de estar sometido a cuatro paredes sin contacto con el exterior y en este caso en un interior muy poco confortable», reflexiona Novello, en diálogo con Frontal. Para Mac Auliffe, en cambio, la obra habla, no tanto en el encierro de los personajes, sino de la espera: “Hay que esperar las órdenes en ese sótano. Cumplimos con lo nuestro y nos vamos. Pero no está prohibido salir de ahí, es nuestra decisión aguantar hasta que llega la voz autorizada”. Novello coincide en esta cuestión: “hay algo de estos seres que esperan una orden determinada (actuar la espera es una gran ejercicio de actuación!) y cuando empiezan a llegar, las órdenes de alguien que no se le ve la cara, aun siendo arbitrarias y desconcertantes, las cumplen sin cuestionarlas.  Es interesante los sentidos que se pueden desplegar a partir de esto. La orden final es la más sorprendente y tampoco hay resistencia”.

Pinter es un reconocido dramaturgo, actor, director y activista político inglés, que ganó el Premio Nobel de Literatura en 2005. “Siempre es divertido actuar, en una de Pinter ya es una cosa que raya a la gloria”, asegura Mac Auliffe. En 2012, la Compañía puso en escena Sketches de revista del mismo autor. “Ahí jugamos a que algunos roles masculinos los hacíamos nosotras pero con bigotes, otros sin bigotes, y otros lo hacían dos actores hombres directamente. Todes hacíamos todo”, recuerda Novello. Hoy vuelven a jugar: “En estos tiempos, si bien no deja de ser un desafío interpretar roles que históricamente están más asociados a hombres, lo hacemos con menos peso. Por suerte los límites están cada vez más borrosos entre las actividades que pueden ser puramente asignadas a un género o a otro. Y eso nos divierte, y nos libera a la hora de actuar”. 

Novello destaca también que la propuesta de Vizzotti haya sido no tocar el texto, ni los nombres de los personajes: “Solo cuando nos referimos una a la otra por supuesto lo hacemos en femenino. Esta decisión de ser lo más fieles al texto, ese límite es de lo más estimulante y además nos da orgullo de hacer un Pinter puro. Bueno, no está Harold para comprobarlo, pero…”. 

El montaplatos es para Mac Auliffe y Novello “volver” a lo presencial. Mac Auliffe es optimista: “Es muy emocionante, en un momento una se pone a pensar que si esto no termina más, qué hacemos los que hacemos teatro. Pero el teatro never die, por lo menos mientras haya gente con voluntad de hacerlo y público que nos venga a ver. El teatro es como el helado de vainilla, pareciera que ya pasó de moda, que ahora va más el mascarpone, el dulce de leche brownie, pero cuando te pedís vainilla, sabés que la sensación es inigualable y nunca te va a defraudar, una experiencia sin sofisticación, con el más original y puro sabor”.  

Para Novello “la alegría es inmensa”: “Duele el tiempo perdido, como le pasa a muchos sectores. El Extranjero es una sala impecable y cumple con todos los protocolos, entre ellos con poner solo la mitad de la cantidad de butacas disponibles (ya empezamos perdiendo, el teatro y nosotres) pero la oportunidad, aun así, es maravillosa. Todas las demás opciones, formatos, fueron bienvenidas y seguirán coexistiendo pero, a lo presencial no hay con que darle. Durante la pandemia extrañé mucho lo presencial. Hicimos varios encuentros con el equipo vía zoom para repasar texto y conversar sobre la obra pero, por suerte eso ya es pasado. Esperemos que lo presencial vuelva y se quede. Lo virtual fue estupendo para no desconectarnos del todo, también me resultó muy práctico para aprender idioma, hacer talleres literarios, pero el teatro si no es presencial no es teatro, es otra cosa, ya sabemos”.

Domingos a las 18, en El Extranjero.  

Ficha técnico artística

El equipo de De Carencia Virtu son Claudia Mac Auliffe y Sonia Novello. Las dirige Alejandro Vizzotti, con la asistencia de Marco Ricobbene. El iluminador es Mariano Dobrisz y el escenógrafo, Ariel Vaccaro. En esta obra, trabajaron, en el diseño de vestuario y todo lo textil, con Gabriela Gerdellics y, en sonido, con Rafael Sucheras. Además, trabajaron Débora Zanolli, en movimiento corporal, y Eduardo Bertoglio, en asesoramiento en humor. Las obras de Harold Pinter fueron traducidas por Rafael Spregelburd y publicadas por Losada. 

«El teatro, si no es presencial, no es teatro, es otra cosa»
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