Entrevistamos a Enzo Campos Córdoba, poeta, curador y editor, quien en octubre publicará su cuarto poemario, Paisajes de la ausencia, y está terminando su primera obra teatral, El milagro.

Enzo Campos Córdoba (Foto: Paula Hourticolou)
Foto: Paula Hourticolou

Enzo Campos Córdoba es poeta, director y curador en la galería Alpha Centauri (ver nota “Alpha Centauri: proyecto de experimentación en arte y curaduría”) y editor en Ludwig Ediciones.

Enzo Campos Córdoba (Foto: Lucila Portabales)
Foto: Lucila Portabales.

Con la curaduría comenzó hace cinco años, cuando creó una productora de arte junto a los artistas plásticos Lino Divas y Federico Claudio, que se llamaba Richter. Con ella estuvieron haciendo muestras pop-up en espacios independientes por casi dos años. “La primera muestra que hice solo fue hace dos años, que fue la de Nicolás Sobrero en la galería Siberia, de La Plata. Después de eso, curé tres muestras en Alpha Centauri, y luego de trabajar en noviembre del año pasado en la segunda muestra que fue la de Franco Vico –la primera fue la de Jorge Pomar–, Merlina Rañi (directora de Alpha Centauri) me propuso ser parte del equipo estable de directores y curadores de la galería. Ya este año participé de la muestra de Victoria Baraga (ver “Victoria Baraga: el arte como un juego”) como director y curador, y La Fuerza Suave, muestra de fotografía”.

En su charla con Frontal, Enzo explica que se acercó al arte porque tiene una profundidad que le interesa, y que conoció el mundo de la curaduría gracias a una expareja que era pintora y dibujante: “Es una manera muy gratificante de desarrollarse. Creo que está bueno explorar todos los lenguajes. Yo que vengo de las letras, creo que aporta a lo propio poder ver fotógrafos, pintores, ver gente que hace instalaciones, que hace cine… cualquier lenguaje aporta, creo que cada lenguaje en sí es una manera humana de manifestarse entonces me interesa por eso. En el mundo del arte, creo que el rol que encontré fue el de facilitar como curador la cuestión de las muestras, que es la parte en la cual me siento más cómodo y en la que siento que puedo aportar más”, y agrega: “Creo que hay una cuestión que tiene que ver con los tiempos que corren, por lo menos en mi caso, que es que el curador a veces es más un productor. Me siento más un productor de la muestra que un curador, por el hecho de que siento que el curador es más un productor integral de la muestra, que tiene que estar tanto en la producción de la idea, de la logística, de lo que tiene que ver con el montaje, el desarrollo de la muestra que con el proceso de creación que es netamente del artista”.

Foto: Paula Hourticolou
Foto: Paula Hourticolou

Además de su trabajo como curador, Enzo realiza ciclos de poesía desde hace seis años. Al primero de ellos, que llamó Asunción, lo llevó adelante por tres años junto con los integrantes de su productora Richter. “Este ciclo tenía como punto de partida abrir el espacio a nuevos poetas, para que pudieran desarrollar su manera de expresarse, leer y empezar a darse un nombre en el circuito. Pero lo más importante fue que conocí a muchos poetas interesantes”. Actualmente, realiza el Club del Quiebre desde hace dos años con Tuti Curani y Deni Rodríguez Ballejo, los jueves cada dos meses en el Espacio Cultural Mi Casa. “La premisa de este ciclo es más o menos la misma que el anterior, solo que está apuntalada por lo que es el espacio y por el aporte fundamental de Tuti y Deni. Tuti tiene un gran poder de convocatoria y un conocimiento de lo que es la actualidad del movimiento poético y artístico muy interesante; Deni aporta poetas con un contenido mucho más clásico en cuanto a la estructura poética, y yo soy más de profundizar en el hecho de que sean nuevos poetas. Con esa mezcla sale el ciclo que tiene bastante convocatoria y disfrutamos mucho hacerlo”, sostiene.

“El arte es una manera de manifestar del ser humano y como toda manera de manifestar del ser humano tiene una profundidad que me interesa. Creo que es una manera de canalizar, de desarrollar las emociones a partir de la cosmovisión personal de cada uno…”

Por otra parte, este poeta es coeditor en Ludwig Ediciones junto con María Ludwig, en donde además, se encarga de todo el proceso del libro, puesto que están hechos a mano por ellos. “A María la conocí en el Espacio Isla Flotante y habíamos pegado muy buena onda con respecto a nuestros pensamientos acerca la edición y acerca de lo que era el movimiento, entonces me contacté con ella para que me diera algunos tips para poder publicar mi primer libro y ella me propuso hacerlo vía su proyecto. Laburamos muy bien y tuvimos muy buena química, entonces nos asociamos”. De esa manera, a través de esta editorial publicó sus tres primeros libros: Barroco desnudo (2013), Apología de la fricción (2014) y La salida es atravesándote (2015), que conforman la Trilogía del despojo. Ahora está por publicar su cuarto libro, Paisajes de la ausencia, y el año que viene su primera obra dramática, El Milagro. “También estoy trabajando en un poemario que tiene que ver con la obra de teatro, la cual es un recorrido a través de las vivencias y experiencias de un poeta que empieza a socavar información sobre su pasado para escribirlo. En realidad, ese poeta soy yo y ese pasado es mi propio pasado, las anécdotas de mi familia, las vivencias de mis abuelos, padres, etc. La obra es eso: la búsqueda de la propia identidad, un homenaje a la construcción de ésta”.

A su vez, Enzo lleva a cabo un colectivo poético con cuatro amigos ‒Deni Rodríguez Ballejo, Frey Chinelli, Alan Ojeda y Fradi , al que nombraron Rainer María, y un microprograma de radio, llamado El Cartel, en el programa La República, cada 15 días de 20 a 21 en eqradio.net. “En el colectivo poético desarrollamos una especie de entidad a través de la amistad, abriendo el juego a nuevas cuestiones, como incorporar música a la poesía, sin evitar nunca el escándalo. Por otro lado, en el micro invito a poetas, músicos, fotógrafos, todo artista nuevo para que venga a hablar de su proyecto. Además, es un programa musicalizado con nuevas propuestas, que apunta a un público inquieto, ávido de nuevos formas y fondos, podría decirse. También ahí hacemos una previa del Club del Quiebre. Llevo poetas del Club para que lean y al DJ para que pase música ahí… es una manera de hacer una previa copada y también así articular cada proyecto con el otro”, explica.

Acerca de cómo ve el movimiento artístico de hoy en día, este artista sostiene que hay muchos poetas y que, a pesar de que hay una especie de déficit en cuanto a los contenidos, se celebra el hecho de hacer, de gestar. “Creo que está bueno desarrollar la propia voz, la propia identidad, en el sentido poético y no escribir tanto para los demás, sino para uno y publicar para uno. Pero, obviamente, como en toda actividad humana, un poco intentamos la trascendencia. A veces nos sale, a veces no nos sale… Trascender no es permanecer en el tiempo sino permanecer en otras personas. Creo que una persona realmente muere cuando las demás personas se olvidan, no cuando muere físicamente. Entonces si uno deja una huella, una identificación en otros y algunas personas se acuerdan, es que esa persona realmente trascendió. Creo que esas cosas son las que realmente importan, no tanto pensar el aquí y el ahora como algo superficial sino como algo más profundo, como algo más de aprovechar este momento para generar algo que perdure en algún sentido, que genere algo”.

 

 

“Me siento más un productor que un curador”

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