El historietista y músico Miguel Brea habló con Frontal sobre el camino que eligió recorrer, la figura de su padre y su interés por el cuidado de la vida.

Mural realizado para la presentación por el Cambio Climático en la ONU junto a 117 ciudades. 2010.

Miguel Brea nació en una familia en la que todos dibujaban y pintaban. Lo hacían solo como pasatiempo. Él iba en el mismo camino pero decidió rebelarse a los consejos de su padre que le decía que estudie “una carrera” y eligió dedicarse por completo y en forma autodidacta al dibujo, la pintura, la música, la poesía, expresiones que conoce desde que era un niño. Hoy, esas disciplinas le dan el bienestar del que le hablaba su padre, un bienestar profesional y también espiritual. El rumbo que fue tomando lo llevó a conocer y retransmitir el Conocimiento de los Vedas (literatura espiritual de la antigua cultura de la India) en dibujos y a convertirse en referente del arte vinculado a la ecología y la vida. La historieta Un mundo de peces es uno de los frutos de su camino. “Los peces viven en el mar y yo dibujo el mar. El mar para mí es la mente del hombre y los peces hablan sobre lo que sucede ahí dentro, sobre la relación del hombre consigo mismo, con los otros y con el medio ambiente que lo rodea. Los empecé a pintar cuando mi padre se enfermó y luego murió, y me sirvieron mucho para atravesar ese proceso”, relata el artista, en diálogo con Frontal.

Así como su padre, toda su familia atraviesa, de algún modo u otro, su trabajo. Su disco Música para hacerse chiquitos –que presentará con una propuesta interactiva estas vacaciones de invierno (ver recuadro)- está inspirado en su hijo Gerónimo. Además, su mujer, Sol Storni, realizó junto a él y 40 artistas con capacidades diferentes una serie de murales, en el marco del evento Arte X =. Los murales se pintaron en Bariloche y luego fueron donados al Hospital Materno Infantil de la localidad bonaerense de Tigre. Las obras son un ejemplo de lo que él llama “Arte Participativo”, línea fundamental que atraviesa todo su trabajo y que consiste en que el espectador participe y sea parte de la obra.

Brea siguió el mandato familiar y estudió Administración de Empresas, pero en las clases encontró que lo que más le gustaba era dibujar a los profesores. Se recibió con gran esfuerzo, trabajó en empresas y, estresado por la dinámica laboral, decidió apostar todo por dedicarse completamente al arte. “Desde los 10 años que hago lo que hago ahora, me gustaba dibujar, pintar, crear canciones con la guitarra, escribir poemas”, dice y recuerda: “Tengo cuentos de que cuando yo tocaba la guitarra mi padre se agarraba la cabeza, pensando que le iba a salir hippie”.

Quino, Gary Larson, Sri Sri Ravi Shankar, Jane Goodall, Nicolas Rubio, El Bosco, María Elena Walsh, George Brassens e incluso su padre y su tío abuelo Mauricio son para él sus grandes maestros y referentes. “Soy el típico cuento del artista al que no lo aprobaron en el examen de ingreso de la Facultad de Bellas Artes, aprendí haciendo y escuchando a maestros que tuve la suerte de conocer”, asegura.

“Tengo cuentos de que cuando yo tocaba la guitarra mi padre se agarraba la cabeza, pensando que le iba a salir hippie”

A partir de su filosofía de cuidar la vida, a uno mismo y a los otros, surgió el interés de Brea por la protección del medio ambiente. Justamente, en Un mundo de peces –la tira que se publica en el diario La Nación y otros medios de comunicación– ayuda a concientizar sobre la importancia del respeto por la naturaleza de nuestro planeta. Brea también realiza ecoproductos generados con materiales sustentables, como la mochila ecológica, las ecobolsas y las remeras de algodón agroecológico. A su vez, lleva a cabo trabajos con empresas y ONGs con el objetivo de lograr la integración social por medio del arte, ofreciendo un espacio donde las personas pueden crear y vincularse libremente. En este ámbito, diseña para empresas innovadoras propuestas que refuerzan el espíritu de equipo. Incluso, y dentro de la misma línea, en el 2013 también dio una charla TEDx sobre las ideas.

Como muralista, recalca que el contacto con el público es una de las cosas que más le gustan de su profesión, busca con su trabajo promover “el fueguito prendido de la alegría, del estar bien, de ir para adelante, de conectar con la vida, la nuestra y la que nos rodea”.

Brea fue diseñando el camino de su vida, dándole rienda suelta a su creatividad y utilizando el arte para comunicar. Hoy igual que hace algunos años atrás: “Cuando tenía 12 años, hice la canción del patrono de mi colegio. Con un amigo le copiamos la melodía a una canción de la virgen y le pusimos letra. Nos pasamos un año enseñándole la canción a todo el colegio y cada vez que lo hacíamos nos daban un alfajor y perdíamos clase, que en ese entonces era un gran plan”.

En las vacaciones de invierno, Brea presentó Música para hacerse chiquitos en el teatro Sala Crash en Palermo (Uriarte 1271). El espacio se convirtió en un gran taller de arte para jugar y pintar al son de la música. Cuatro funciones: sábados 23 y 30 de julio, y domingos 24 y 31 de julio, a las 17.

Algunos de sus trabajos:

Libros: Un mundo de peces (Bri Ediciones) y El corazón de Cefe (editorial Brujita de papel).

Discos: Música para hacerse chiquitos (álbum para toda la familia) y Breathing Guru Om (mantras para sentirse bien).

“Soy el típico caso del artista al que no le aprobaron el ingreso a la Facultad de Bellas Artes”

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